MANUAL DE INSTRUCCIONES

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“No hagas planes. Puede que mañana todo estalle.”

Quique González

Madurar no es crecer unos centímetros como tampoco lo es ir sumando arrugas. Eso es otra cosa totalmente diferente. Madurar es llenarte por dentro, sumar experiencias y darte de bruces con la realidad, un día de repente, para acabar descubriendo que hacerse mayor es increíble, pero duele. Y, a veces, mucho.

Cuando era pequeña, me hablaron de la vida, de esa que me encontraría cuando sobrepasara el metro y medio desde el suelo, pero se olvidaron de decirme que, tarde o temprano, te toca enfrentarte a situaciones que te parten en dos en el momento más inoportuno. Porque si hay algo de lo que la vida no entiende es precisamente de eso, de momentos.

También me contaron algo sobre la amistad, sin mencionar que hay personas por las que darías tu dedo meñique casi sin pestañear. Que hay llamadas y mensajes que llegan para rescatarte y que hay abrazos que impulsan ganas. Las ganas de hacerlo que te faltaban antes de que sonara el teléfono, ésas. 

Lo que sí sabía es que la familia es el pilar de nuestra existencia, el único. Eso no hizo falta que me lo contaran. Pero nadie me habló del nudo que se te forma en la boca del estómago cuando la vida coge las riendas y los planes cambian de repente, sin previo aviso. Que entonces todo deja de tener importancia porque no somos sin ellos.

Se olvidaron de decirme que cada vez que decimos adiós, una parte de nosotros también se va. Que hay despedidas que entran sin tocar a la puerta y que se te enquistan muy dentro.

Me enseñaron a leer y me hablaron de cantantes favoritos pero nadie me dijo que hay libros que se te pegan a las entrañas y que hay canciones en las que te quedas a vivir para siempre. Que por más que te sacudas el polvo, hay motas que nunca se terminan de ir.

Tampoco me dijeron eso de que en cualquier circunstancia de la vida -profesional, sentimental… – van a esperar mucho de ti, tanto que la mayoría de ocasiones es imposible no dudar sobre si estarás a la altura. Que las expectativas son las principales culpables de las decepciones y que es muy probable que si no existiesen las primeras, no tendríamos ni idea de qué son las segundas.

Sabía que venimos sin manual de instrucciones, lo cual, aunque evidente, no deja de ser una faena.

B.

 

 Imagen: Andrew Neel 

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